Yo de joven era de té; me veía, de mayor, con muchos gatos y muchas tazas de infusiones. Ahora que mayor no soy, pero no nos engañemos que los 40 están a la vista, me encuentro sin gatos, con dosniñoscasitres y una cafetera Nespresso. Y como si no fuera suficiente, no hago más que quejarme del café en Sevilla y enamorarme del café en Galicia.
Cada vez que me instalo en un sitio le saco todas las pegas posibles, y al mismo tiempo pienso en qué echaría de menos al irme de ahí. De Galicia, lo tengo claro: el fresco en verano, el mar en cualquier temporada, el olor a establo, las verduras verdes, el pan y el café.
En Santiago el peor café le da mil vueltas al mejor café de Sevilla. Hay muchos bares donde el café está realmente rico. El de Óscar de Toro (hermano de Suso, por más inri) no sé si es el mejor, pero seguramente se merece una atención especial.
Primero, porque entre tantos bufones del diseño de molto fumo e niente arrosto (versión italiana del mucho ruído y pocas nueces) destaca por ser un sitio de lo más normal. La administración de lotería en la entrada de hecho casi lo esconde; pero merece la pena pasar adentro…
…porque lo importante es esto:
Óscar es un loco del café, da clases magistrales con ejemplos prácticos (y múltiples cachivaches) y no se corta un pelo en opinar sobre marcas, bares y gustos. Tiene muchos premios de barista – están ahí detrás del mostrador – y cuida mucho proceso y materia prima (cerremos un ojo sobre esa leche de hostelería).
Todo esto a precios de cafetería normal: porque un buen café no es un lujo, ¡es un derecho!
[En Cooking Seville un ojo a los garbanzos, y en Panepanna la presentación del Taller Pasta 102]




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