En Sevilla otra vez. Después de una semana fuera, apenas tengo el tiempo de retomar el aliento, ponerme al día con León y Linus, poner unas lavadoras y organizar el taller del jueves. El viernes, estaremos otra vez en marcha.
Han sido seis noches fuera, seis camas distintas en cinco ciudades – más las que sólo hemos pasado a visitar. Tordesillas, Palencia, San Sebastián, Zarautz, Lekeitio, Bilbao, Santo Domingo de la Calzada, Ezcaray, Nájera, Logroño, Calahorra, Zaragoza, Calatayud, Alcalá de Henares. En todas me he bajado cómo mínimo a estirar las piernas y a ver la plaza mayor; algunas me han sorprendido, otras encantado, otras decepcionado.

Primeras dos noches en Donosti – en el Irenaz Resort una y en el Palacio Condal la otra. Hemos encontrado sol, niebla y viejos amigos. Mientras Jorge trabajaba en el Basque Culinary Center, yo intervenía en Hoy por Hoy San Sebastián con Andoni. Sobre lo que escuché en el BCC y sobre los pintxos que tomamos por la noche en el casco viejo habrá post.
Tercera noche en Bilbao (en el Étap). El taller en la Yann Eskola ha sido épico, luchábamos con el Athletic-Manchester. He probado por fin el bollo de mantequilla, he conocido a Ibán Yarza y he comido en el chino-chino de ahí, el León de Oro: no está mal.
Cuarta noche en Logroño (hotel Murrieta). A mediodía en El Portal del Echaurren, y no digo una palabra más que si no me alargo y no dejo de decir lo bien que comí, que bebí, y el gusto de estar con Francis Paniego y su hermano Chefe. Post, post, más adelante (que aún no he escrito los de Quique Dacosta, Nou Manolín, La Ereta…).
Quinta noche en Zaragoza (chez Gastrónomos del Ebro) – tercera vez en menos de un año en esta ciudad, y aún casi no la he visitado. Justo tuvimos tiempo de pasar por el mercado. El taller genial, con gente muy maja. Y siendo San Patricio, acabó aún mejor…
Como siempre hemos aprovechado para salirnos un poco de las autovías – si tenemos tiempo vamos por nacionales y comarcales, a dejarnos sorprender por lo que haya a la vuelta de la esquina.
Ayer nos sorprendió el paisaje de los campos de Calatayud, con sus frutales en flor y los amplios valles. Dentro de nada, estaremos en marcha otra vez.



Collons, mezcla de envidia y de ‘compasión’ porque está muy chulo viajar y comer en estos santos lugares…pero es un ritmo infernal :S
Pues sí. Mira que nos gusta viajar, pero esta semana ha sido durilla.